En 2006 se hace firme la sentencia del Tribunal Superior Justicia de Galicia de derribo del poblado chabolista de O Vao, radicado en el municipio de Poio, limítrofe con Pontevedra y paradigma del trapicheo de drogas. Ratificaba así anteriores sentencias y desestimaba cualquier recurso de apelación.
A pesar de ello, gobernando en ambos Ayuntamientos hermanos el BNG en coalición con el PSOE, el orden, el cosmos, la armonía, en fin, parece garantizada. “Ni la Justicia ni los chabolistas podrán vencer a la Política que nos une y a la Sociedad que nos elige”, parecen pensar los dirigentes del partido. El alcalde de Pontevedra Sr. Lores gana peso en el partido en tanto es el único capaz de retener una alcaldía para el BNG en una de las siete principales ciudades de Galicia, tras el descalabro nacionalista en las municipales del 2007.
Finales del mismo año. El hermano pequeño tiene un problema, pero no menor: acuciado judicialmente por no poder cumplir íntegra la sentencia a pesar de las moratorias dadas, el alcalde de Poio Sr. Sobral necesita quitar el problema de encima a su Ayuntamiento: decide, con su mejor intención (y la de no molestar a sus votantes), comprar viviendas para realojar a los chabolistas. Sólo que, y he aquí el matiz, en los ayuntamientos de Pontevedra y Pontecaldelas, con cargo a las ayudas para la “erradicación del chabolismo” del departamento de Vivienda del Gobierno Autonómico. Dirige el mismo la ex-presidenta provincial de los arquitectos, Teresa Táboas, con antiguo despacho en la capital y puesta por el BNG. Parece todo bajo control.
Se hace con discreción durante el procedimiento, para no generar alarma o rechazo social, ni frustrar la operación inmobiliaria. Prohibido liquidar el microcosmos socio-político, se podría decir.
Pero la cosmogonía ya se había roto con esa decisión: en el propio partido…y en la sociedad civil. Una simple chispa inadecuada: ¿cómo nadie de la Consellería de la capitalina Táboas lo filtró al único regidor capitalino del BNG? ¡Vaya afrenta! Y, ¿cómo nadie lo advirtió a los vecinos del barrio de Monteporreiro, donde se compraron los inmuebles para el realojo? ¡Vaya temeridad!
Monteporreiro fue el principal barrio donde comenzó el asentamiento de miembros de etnia gitana en la capital, más de veinte años atrás, en sus viviendas sociales, que no chabolas. O sea, pagando impuestos. No sin ciertos recelos y algún conflicto, se fueron integrando con los payos poco a poco. Entre todos los vecinos acabaron consiguiendo el equilibrio, la armonía. Cediendo en los prejuicios. Quedando las susceptibilidades.
Y ahora la chispa. O la bomba completa. Ni los gitanos antiguos del barrio quieren que se les identifique con los nuevos procedentes de O Vao, ni los payos quieren volver a esforzarse en el reequilibrio de fuerzas. Desorden. Caos. Y en éstas estamos.
“La patada para arriba” del problema ha hecho pasar el asunto de nuevo por el gobierno autonómico de la Xunta, esta vez ya a la Vicepresidencia de Bienestar que capitanea el inefable líder del BNG Anxo Quintana quien ahora pretende restablecer el cosmos donde sus discípulos sólo le han generado caos: social, puertas afuera… y político, puertas adentro. Y lo hace sin respuestas claras, sin saber si prioriza componer el partido o la sociedad. Desde la ambigüedad o…la discreción nuevamente, que es el factor que más atormenta a los vecinos afectados. Eso y que Quintana no se parece a Salomón. Ya les han roto su armonía una vez. Y a ellos es la única que les importa. Les costó años y se rompió en un día así que, ¿por qué fiarse? Seguirá